Nuestra vida con Dios

Dios nos ama de una manera inimaginable

Muchas personas no pueden o no quieren creer esto, porque Dios no es reconocible para ellos y aún no han experimentado su obra. Probablemente haya varias razones para ello. Una de ellas es que nuestro testimonio como cristianos creyentes es a menudo muy débil. Otra causa es probablemente que no son conscientes de que Dios nos ha dado la libertad, que respeta constantemente. Por lo tanto, Dios no intervendrá en sus vidas sin que se lo pidan. Si, no obstante, lo ha hecho, podemos suponer que ha sido gracias a la oración intercesora de otros.

Dios quiere hacer posible que todos nos encontremos con su amor mientras estamos vivos. Él tiene una idea para todos nosotros de cómo nuestra vida puede tener éxito. Esto afecta a la vida de nosotros, los individuos, así como a la vida y el destino de las naciones. Pero debemos acudir a Dios en nuestra libertad y pedirle su ayuda, su guía y su compañía. Dios quiere estar cerca de nosotros y puede ayudarnos.  Pero cuando lo hace, lo hace de tal manera que no interfiere en la autonomía de otras personas; al fin y al cabo, sólo nosotros le hemos pedido ayuda y orientación. Esta es también la razón por la que, junto con los maravillosos frutos de la fe y el amor en el mundo, pueden existir tantas luchas, odios y sufrimientos inducidos por el hombre.

Consecuencias de nuestras elecciones

Sin embargo, es importante que elijamos personalmente a Dios. Al fin y al cabo, se trata de nuestro propio destino en la tierra, porque Dios puede y quiere ayudarnos ya en el aquí y ahora, para que nuestra vida tenga éxito en su sentido. En "su sentido" significa que nos ayudará cuando nuestros esfuerzos y nuestras vidas puedan contribuir a un mayor amor, reconciliación, paz y justicia en nuestro entorno. Por lo tanto, su ayuda no siempre corresponderá a nuestras propias ideas y deseos, ya que éstos son a veces muy egocéntricos. Pero si nuestras peticiones y preocupaciones personales tienen cabida en sus planes, nos ayudará a cumplirlas porque nos ama.

Nuestra decisión a favor o en contra de Dios también tiene un efecto en nuestro destino porque un día después de nuestra muerte estaremos ante Dios. Dios juzgará entonces nuestra vida desde el punto de vista de la medida en que hayamos amado. Él mismo es el amor absoluto, y después de nuestra muerte sólo tendremos la posibilidad de acercarnos a él si nos hemos esforzado durante nuestra vida en recorrer este camino de amor.

En otras palabras, si hemos dejado huellas negativas a lo largo de nuestra vida, huellas de falta de amabilidad y egoísmo, de discordia, de desprecio por la dignidad humana y la justicia, o bien no recibiremos una parte de la cercanía y el amor de Dios, o bien tendremos que recorrer todavía un largo y doloroso camino después de nuestra muerte antes de ser capaces y suficientemente maduros para entrar en la cercanía de Dios. Jesús nos ha advertido urgentemente sobre este difícil camino, debemos tomar estas advertencias en serio.

Hacer sitio a Dios en nuestras vidas

Podemos asumir que podemos exponer nuestras preocupaciones, problemas, inquietudes, conflictos y temores ante Dios en cualquier momento. Porque nos ama, podemos pedirle que nos ayude a resolver estas cosas bien ante sus ojos. Si nunca intentamos algo así, nunca sabremos que Dios trabaja y cómo lo hace.

Tal vez ahora surja la pregunta: ¿cómo debo hablar con alguien a quien no puedo ver ni oír? ¿Cómo debo rezar? Ya estoy un poco falto de práctica o no sé ni cómo empezar..........

No importa.

Dios valora nuestra devoción, no la perfección de una frase. Valora nuestra honestidad, y no nuestro conformismo, diciendo sólo lo que se dice comúnmente. Él valora que admitamos nuestras faltas y debilidades porque nos ama y sólo así puede ayudarnos a superar esas faltas y debilidades. Podemos quitarnos las máscaras de fuertes, soberanos, fríos o intachables ante Dios porque él nos conoce de todos modos. Pero necesita nuestra honestidad porque respeta nuestra libertad, y no hará nada en nuestras vidas sin nuestro consentimiento.

No importa cómo hablemos con Dios, siempre que lo hagamos.

Es útil que hablemos con Jesús como si estuviera a nuestro lado como un ser humano. En realidad está a nuestro lado y nos entendería aunque sólo nos comunicáramos con él a nivel mental. Pero esto no siempre es favorable para nosotros. Una comunicación mental no tiene el mismo peso para nosotros que una palabra hablada, es mucho menos vinculante. Pero Dios quiere nuestro compromiso en nuestro hablar y hacer, también en nuestra oración. Por eso, si es posible, por ejemplo, cuando estemos solos, deberíamos intentar también rezar en voz alta.

Podemos hablar con Jesús como con nuestro mejor amigo, contarle todo lo que nos pasa por la cabeza, lo que nos hace felices o nos agobia. Eso puede sonar extraño al principio, ya que Dios conoce nuestro destino, sabe lo que nos hace felices o lo que nos agobia. ¿Por qué debemos contarle todo?

La respuesta es sencilla: sí, Dios ya lo sabe. Pero al contarlo, se desarrolla la cercanía y la confianza. Dios quiere que aprendamos a confiar en él. Él hace que su obra en nuestra vida dependa de nuestra confianza. Por eso muchas personas no experimentan la obra de Dios, porque no pueden confiar en él. Hemos de crecer en una actitud como la que tienen los niños pequeños cuando se sienten seguros de la mano de sus padres.

Esta actitud es especialmente difícil de adoptar para los hombres. Tienes que renunciar a tu papel, a menudo supuestamente fuerte, y aceptar que hay alguien que realmente lo sabe todo mejor. Esto no es fácil, pero los que lo han aceptado se alegrarán de poder caminar al lado de Jesús.

Obstáculos para aceptar el amor de Dios

Es muy difícil cuando las personas han sido heridas emocionalmente por alguien en su vida, tal vez incluso por su propio padre, que tienen una imagen paterna rota y cargada, tal vez incluso fueron abusados de niño por su propio padre. En tal situación, desde una perspectiva humana, es casi imposible desarrollar la confianza en un Padre celestial. Sin embargo, como Dios quiere encontrarse con nosotros como un Padre amoroso, debemos tratar de poner ante Dios incluso esas dramáticas heridas. Tenemos la posibilidad de pedirle que cure estas heridas. Dios quiere y ayudará a que estas heridas puedan cerrarse e incluso a que crezcan bendiciones a partir de ellas. Pero también necesita nuestra ayuda. No hay otra manera que perdonar a nuestro propio padre o a cualquier persona que nos haya hecho tanto daño. Aunque parezca casi sobrehumano, podemos pedir a Dios que nos ayude en este difícil paso de perdonar. Él nos ayudará porque nos ama y porque sabe que sin el perdón nunca tendremos una verdadera paz mental. Hay testimonios increíblemente hermosos que demuestran cómo pueden llegar las bendiciones al perdonar la culpa dramática.

Sí, podemos y debemos hablar libremente con Dios. Al hacerlo, entramos en una relación honesta y profunda con Dios. Eso es lo que quiere. Pero también existen otras formas de oración. Allí hay tesoros que no deberían dejarse tirados.

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